Manuel Avila

En Los Robles hablar de San Judas Tadeo no solo es hablar del santo de los imposibles, sino de un santo milagroso vinculado al color morado del Nazareno, con seguidores a granel y con unas fiestas patronales que terminaban siempre en tánganas increíbles.
Ese nombre del santo de los imposibles lo eligieron Chila y Lencho para un bar que instalaron en la Calle Libertad en el propio corazón de Los Robles. En ese espacio de rejas azules y techo de zinc vivió Chila y su familia con varios muchachos y muchachas orgullos de mi pueblo.
De esa unión nacieron Belarmino, Claritza, Arcadio, Jacinto, Juan José, Dellis, Amado, Jesusita y Carolina. Estos descendientes de los García Acosta acompañaron a sus padres en la construcción y mantenimiento de ese patrimonio familiar que generaba el sustento diario.
Con una sala enorme, una rockola, una cantina, mesas y sillas era suficiente para que los robleros visitaran de manera permanente las instalaciones del Bar San Judas Tadeo. Era una competencia sana entre Pitoco del Bar La Gloria, Chelías Urbáez del Bar Cine Zaragoza, Félix Arocha del Bar 12 de octubre y Luís Anibal Brito del Bar Marino.
Cada quién en su target porque El Marino y La Gloria no colocaban música vallenato y el 12 de octubre y el San Judas Tadeo si tenían ese tipo de música que tanto le gustaba a la clase pobre de Margarita.
Por eso siempre hubo diferencias importantes entre Pitoco y Chila porque mientras el gerente del Bar La Gloria botuteaba y lanzaba cohetes para ganarse el afecto de Morel a la Señora Chila nunca le salió del alma hacer algún tipo de actividad política porque su objetivo era trabajar para mantener a su familia. Por eso los celos siempre existieron entre familias cercanas, pero distantes en el tema de los afectos.
La rockola del Bar San Judas Tadeo siempre fue la mejor porque los hijos de Chila siempre estuvieron pendientes de la actualización musical y aunque La Gloria y 12 de Octubre también tuvieron sus rockolas, nunca pudieron ganarle la partida al San Judas Tadeo. Desde canciones como “Dame paz dame amor”, “El aire que respiro”, “cuando nos casemos”, “Es el viento”, y tantas otras canciones que mantenían a los robleros en los predios del Bar San Judas Tadeo.
Las tardes cuando esperábamos el autobús en la plaza para ir al Liceo Nueva Esparta era el escenario de la rockola de Chila porque se embriagaba el ambiente estudiantil de una música de fondo que le daba vitalidad al mundo estudiantil.
En las fiestas patronales el Bar San Judas Tadeo se armaba de conjuntos de vallenato y música colombiana que le garantizaban sus ventas diarias y un río de gente que superaba lo permitido. Por supuesto que con tanta gente junta lo más inmediato eran peleas inútiles que terminaban en batallas campales con heridos por botellazos, silletazos o algún loco que sacaba una navaja para luchar con ventajas.
Los fines de semana se armaban en el Bar San Judas Tadeo las grandes partidas de truco y ajilei que se hicieron famosas por la calidad de los contrincantes. Eran jugadas con mucha plata y donde la buena estrella de Juan José García lo hacía ganarle en el pulso lúdico a Musa, Vicente Emilio, Wiliam “Verraco”, El Brujo.
Había que ver la organización de los hijos de Chila al momento de organizarse para asumir los compromisos de las fiestas y cada uno tenía asignada su tarea para poder atender a tanta gente junta. De esa forma a Claritza, Dellis, Chucha y Carolina le correspondía manejar lo administrativo y la atención de la cantina y al resto de los muchachos le correspondía limpiar el bar, recoger las hojas de las matas, organizar sillas y mesas y pone cada cosa en su lugar. La tarea de llenar las neveras de hielo y cervezas le correspondía a Amado el menor de los varones que hizo de todo para mantener vivo el negocio de su madre junto a Carlitos García “Mama Illa” que era la adoración de Chila y el que terminó ocupándose del bar cuando Amado se fue a España.
La cantina “Casquillo de Oro” todavía guarda su nombre como recuerdo y al Bar San Judas Tadeo después de un litigio con la gente de León Reyes quedó en juicio bajo la propiedad de la familia García Acosta en que llevó muy bien el prestigioso abogado Juan José García.
Todavía hoy el Bar San Judas Tadeo está de pie con algunos daños en su estructura, pero aguantando las embestidas del tiempo que ha desprendido algunas láminas de zinc, pero su estructura permanece intacta ante los ojos de unos robleros que ya no ven las huellas del tiempo y pasan cada día sin darle la trascendencia a unas instalaciones que fueron parte importante de la vida de los pilarenses.
Todos los demás bares desaparecieron como por arte de magia y solo el Bar San Judas Tadeo nos une a los recuerdos de un pueblo con historia grande que todavía se mueve en los hilos del ser o el no ser.
Todavía la oferta económica al Bar San Judas Tadeo no ha convencido a la familia García Acosta y solo unos vendedores de verduras o de arepas ocupan sus espacios. Ese guerrero sigue en pie como un homenaje a una mujer que mantuvo su dignidad para llevar a su familia a crecer bajo la consigna del trabajo y la honestidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *