Ana Luisa Gandica Silva

MUJERES TRASCENDENTALES EN LA HISTORIA DE LAS ISLAS DE

LA COSTA DE LAS PERLAS

MARÍA LUISA TUBORES DE COELLO DE GARCÍA

Imagen: María Luisa Tubores de Coello de García

Autor: Wilman Guerra (1998)

Ubicación: Museo Nueva Cádiz.

La Asunción, estado Nueva Esparta.

 

María Luisa Tubores de Coello de García simplemente conocida como María Luisa Tubores de Coello, nació de Pedregales, Provincia de Margarita, hija de Gaspar Tubores y María Isabel Coello de Tubores, mujer Guaiquerí,  hermana de prócer José Celedonio y de María Aguasanta y, esposa del también militar Luis García. La pareja García-Tubores y su referido hermano José Celedonio Tubores de Coello se sumaron al movimiento aclamado en esta Provincia el 4 de mayo de 1810 en la “Asamblea” celebrada en la Ciudad de La Asunción donde se acordó adherirse al movimiento suscitado en Caracas el 19 de abril de ese mismo año. Los  notables escritores  Cecilia, Ayala Lafée- Wilbert, Pedro Rivas Gómez y Werner  Wilbert, (2017) en su libro Caballeros del Mar: los Guaiquerí, un pueblo con historia sobre la incorporación de Los Guaiquerí al movimiento independentista del colonialismo de España lo motiva así: “A partir de entonces un buen número de guaiqueríes margariteños descontentos con el trato que habían recibido por parte de la autoridades españoles comenzaron a sumarse a las filas patriotas comandadas por Arismendi.”[1]

María Luisa en el devenir de  esa “Guerra de Independencia” compartió con su esposo las actividades emancipadoras bajo el comando de Juan Bautista Arismendi y Francisco Esteban Gómez, bien en los sucesos de la Primera República  1810-1812 como en la subsiguiente Segunda 1813-1814 y en el curso  de la Tercera Republica iniciada en 1816, cuando en definitiva se alcanzó la independencia del colonialismo de España. Ellos desempeñaron diversas actividades. Luis García en el batallar  de esos aconteceres fue ascendido al  rango de teniente y María Luisa, se encargó de la logística de los alimentos,  la dotación y la paga de las milicias e incluso acompaño a sus esposo en esas contiendas.

Es de hacer notar, que el hermano de María Luisa,  José Celedonio Tubores de Coello se destacó durante ese periodo emancipador, alcanzando el grado de coronel, ascendido en la Villa del Norte por el general en jefe Simón Bolívar  el 7 de mayo de 1816, cuando arribo a las costas de Juangriego en su primera expedición procedente de Haití. Algunos escritores afirman, que murió el 15 de julio de 1817 como consecuencia, de una herida sufrida el día anterior en la Batalla de Los Barales, cuando bajo su mando el componente patriota derroto al mariscal Pablo Morillo al desembarcar  por el puerto de El Guamache y, otros lo ubican entre los fallecidos del siguiente 31 en la Batalla de Matasiete.[2]  Por tales distinciones el general Juan Alberto Ramírez, presidente del estado Nueva Esparta, mediante decreto fechado 22 de diciembre de 1915, reconoció con su nombre el antiguo Municipio Punta de Piedras. Epónimo mantenido en los cambios políticos- administrativos de la Ley de División Político-Territorial, actualmente ponderado como Municipio Bolivariano José Celedonio Tubores.

El matrimonio García-Tubores tenían constituido su hogar en la localidad de Juangriego partiendo desde esa localidad a sus respectivas actividades, acorde con el llamado del deber a la causa fiel. Las reseñas sobre las vivencias patriotas de la guaiquerí María Luisa Tubores de Coello están ubicada en  los aconteceres del 8 de agosto de 1817 cuando el  mariscal Pablo Morillo, después de abandonar la Ciudad de La Asunción tras la derrota sufrida en la Batalla de Matasiete  el 31 de julio de 1817 y  se dirigió a esa estratégica locación cuyo Fortín La Galera o Libertad ubicado en la loma más alta de su bahía le aseguraba recuperarse de ese revés, mientras recibía apoyo de tierra firme, para avanzar nuevamente en contra del componente rebelde y, tomar definitivamente, bajo su única autoridad la Provincia de Margarita

El veterano mariscal Pablo Morillo consiente de las precarias condiciones de los lugareños de Juangriego, en cuya batalla de Matasiete habían  pereciendo algunos y otros estaban enfrentando los focos dejado atrás para cubrir su retirada, no esperaba encontrar mayor resistencia. Pero una vez más subestimo a esos “criollo”, quienes en  el primer encuentro  los embistieron cuerpo a cuerpo, por estar: “Los margariteños , resueltos y á cuchilladas destruyeron ó rechazaron á los asaltadores que eran los cuerpos de Clarines y Granada (…)  El buen suceso había  aumento la audacia de los defensores del castillo, y en la segunda envestida salieron como en la primera victoriosos.”[3] Así lo refirió Mariano de Briceño (1885) en su libro Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi.

Foto de Fortín La Galera, Juangriego, Municipio Bolivariano Tcnel. Gaspar  Marcano, estado   Nueva Esparta.  Disponible: https://www.google.com.

 

Reagrupad la fuerza realista con el grueso de su contingente, los defensores isleños ante ese poderío militar,  se refugiaron en dicho  Fortín de la Galera entre ellos, Luis García y su esposa María Luisa, familiares y otro guaiqueríes, quedando bajo el mando de los tenientes coroneles Juan Bautista Coba, Juan Bautista Figueroa y el teniente de navío Juan Manuel Fermín. En dicho enfrentamiento asimétrico, los margariteños pelearon con furia, valiéndose de cualquier ingenio para vencerlos cuya tenaz resistencia, les obstaculizó por varia horas la toma de ese ansiado bastión. Pero al final, superados por las fuerzas adversas y con la misma pólvora disponible para defenderse, volaron esa fortificación. Algunos autores relatan, que esa explosión fue el producto de un accidente suscitado en las bóvedas donde estaba ubicada esa carga; otros en cambio, sostienen que ante la imposibilidad de preservarlo y ser tomado por el enemigo, el intrépido guaiquerí Francisco Adrián con la anuencia de sus compañeros decidieron inmolarse, evitándose el deshonor de rendirse ante el enemigo. En el protocolo de ese acontecimiento, aparecen entre otros, los tenientes coroneles Juan Bautista Coba, Juan Bautista Figueroa y el teniente de navío Juan Manuel Fermín y el capitán Manuel Tenías, los tenientes Tomas García y Manuel Salazar, José Ceferino González, Juan Lugo y Luis García.  Los guaiqueríes fallecidos en esa explosión fueron omitidos en ese registro.

De esa épica acción sobrevivieron algunos de sus participantes entre ellos, María Luisa Tubores de cuyos escombros logró salir sin ser detectada y esconderse junto a su hijo menor lejos de esos  hostiles. En cambio los capturados, fueron concentrados en la laguna de la localidad, recibidos por el prepotente Pablo Morillo, quien les ofreció respetarles sus vidas a cambio de jurar lealtad incondicional a la Corona de España. Conscientes esos insulares de la trascendencia de esa oferta, ninguno aceptó traicionar su linaje ni subestimar la determinación de sus compañeros inmolados.

La  franca rebeldía de esos “criollos” despreciados  por Morillo ofendieron una vez más, la prepotencia del militar vencedor de grandes batallas en favor de España, pero no en esa Región, donde precisamente esos despreciables lo habían vencido. Generando su frustración el  mayor genocidio de nuestra historia insular, decapitando con su propia espada a indefensos cautivos sin distingo de sexo o edad, cuya sangre enrojeció las aguas de la hoy conocida  “Laguna de Los Mártires.”

Pablo Morillo posteriormente el 22  de julio de 1817 le dirigió una comunicación al Ministerio de Guerra de España, narrándole los pormenores sobre la toma de Juangriego, pretendió desacreditar a esos naturales, describiéndolos como unos forajidos, ajusticiados por él en razón de: “Desde aquel momento presento el ataque al Fuerte el aspecto más espantoso. Pasaban de 500 rebeldes de la canalla más atroz y desalmada de la isla, los que defendían, hombres feroces y crueles, famosos y nombrados entre los piratas de las flecheras, el terror de las costas de Venezuela, y facinerosos, que cada uno contaba muchos asesinatos y estaba acostumbrado a mirar la vida y la existencia con mayor desprecio. Estos malvados llenos de rabia y de orgullo, con su primer ventaja en la defensa, parecía cada uno de ellos un tigre, y se presentaban al fuego y las bayonetas con una animosidad de que no hay ejemplo en las mejores tropas del mundo (…) Estos llegaron al último extremo de la desesperación y apuraron todos los medios de defensa. No contentos con el fuego infernal que hacían, arrojaban piedras de gran tamaño, y como eran hombres membrudos y agigantados, se les veía arrojar una piedra enorme con la misma facilidad como si fuese una pequeña. Así tuvimos algunos muertos y heridos a pedradas.- (…) Nuestra caballería, que para el momento de ocupar el reducto ya estaba prevenida, recibió a los que salieron de él, en unas lagunas poco profundas, donde todos se arrojaron, y allí pereció a sablazos aquella banda de asesinos feroces que ni imploro la clemencia ni hubo que diera señales de timidez en medio de la carnicería que en ellos se hizo.-  (…) De esta suerte se concluyó una acción tan sangrienta y empeñada, allí quedaron tendidos más de quinientos forajidos, que ni aún en el último momento quisieron rendirse.”[4]

El afamado escritor Francisco Javier Yanes en su obra Historia de Margarita, presenta la otra comunicación de Pablo Morillo dirigida 28 de agosto de 1817 desde su Cuartel de Cumana al Secretario de Guerra de España, en cuyo texto repite esos mismo hechos,  así: Nuestra caballería, que para el momento de ocupar el reducto estaba prevenida, recibió a los que salieron de él en unas lagunas poco profundas, donde todos se arrojaron y allí pereció a sablazos aquella banda de asesinos feroces, que ni imploro la clemencia, ni hubo uno que diera señales de timidez en medio de la carnicería que en ellos se hizo. Algunos pudieron escapar a pesar de la vigilancia de los Dragones (…)De esta suerte se concluyó una acción tan sangrienta y empeñada, y allí quedaron tendidos más de quinientos forajidos, que ni aún al último momento quisieron rendirse.“[5]

Y, el despreciable Pablo Murillo ante su animadversión hacia los “criollos” insulares, cayó en el precipicio de la deshonra de la dignidad de un militar, se convirtió en un facineroso, asesinó gente indefensa entre ello, mujeres, niños y ancianos, en la Laguna de Los Mártires y, no contento con ese genocidio desbastó la población de Juangriego. Así lo narran los loable investigadores, Cecilia Ayala Lafée-Wilbert, Pedro Rivas Gómez y Werner  (2017) en su  libro Caballeros del Mar: los Guaiquerí, un pueblo con historia,  citando al escritor Francisco Javier Yanes en su obra Historia de Margarita, refieren: “En efecto, destruyó todo cuanto encontró a su paso, especialmente en el poblado guaiquerí de Juan Griego (…) y, no satisfecho con tanta barbarie, mandó a demoler y quemar la vivienda y chozas de los pescadores guaiqueríes junto con sus canoas y enseres de trabajo, ordenó talar todos los cocoteros y árboles frutales que habían en el puerto y en los cercados de las casas.(Yanes 1819-1948:136)” [6]   

Pablo Morillo el 10 de agosto mientras se dedicaba a arrasar a Juangriego recibió una comunicación del general Miguel de Latorre, informándole sobre  la pérdida de Guayana, tomada por las fuerzas comandadas por el general en Jefe Simón Bolívar y al efecto requería  su ayuda, para recuperarla. Así como, le indicaba que Bolívar se dirigía a la ciudad de Caracas con un poderoso ejército. Noticias  que originaron su partida rumbo a Pampatar. Según Mariano de Briceño, (1885) en  su libro Historia de la Isla de Margarita, indica: “… y así lo hizo  (agosto 17) con dirección á Cumaná y á La Guaira.[7] Por lo tanto, ese indeseable personaje abandonó el 17 de agosto de 1817 la Provincia de Margarita, para no regresar jamás.

María Luisa Tubores víctima de los desdichados aconteceres de Juangriego al preguntarle los curiosos sobre esas fatal experiencia, respondía con altivez:  “Si, es verdad, allí murieron todos y lo que siento es que éste (señalando a su hijo de cuatro años que tenía a su lado), no hubiera sido grande para que también hubiera muerto allí por su patria.[8]José Joaquín, Salazar Franco -Cheguaco- (1980) lo reseña en Rastrojeo de la Historia Margariteña.

La guaiquerí María Luisa con un inaudito estoicismo mantuvo sus convicciones patrióticas, superando la pérdida de familiares y allegados. No obstante, alcanzado el preciado objetivo, la emancipación definitiva de la Provincia de Margarita del colonialismo español, nunca exigió indemnizaciones ni prebendas o favores, se complacía con haber realzado la grandeza de su estirpe confirmada por las merecidas glorias recibidas por Ana Joaquina Guerra como esposa y los hijos de su amado hermano,  José Celedonio.

Por esas razones,  se recluyó en su humilde hogar con el único hijo sobreviviente a esos  avatares. Y sobre el sentir de esa noble mujer, la inminente antropóloga Cecilia Ayala Lafée-Wilbert y otros (2017) en su libro Caballeros del Mar: los Guaiquerí, un pueblo con historia, indican: “Entre los rasgos de  idiosincrasia percibida está la solidaridad y reciprocidad: El Guaqueríces es una persona de muchos sentimientos…”[9]

Las gallarda postura de nuestras mujeres margariteña fueron parangonadas con las espartanas, cuando al momento de enviar a sus hijos a pelear en la guerra de Peloponeso por  la defensa de sus espacios -431-404 a. C. [10]  les entregaban el escudo defensivo con la insignia de su comunidad, arengándolos a defenderla con  honor y dignidad, argumentándoles: “Vuelve con él o sobre él.[11]

 

Reconocimiento  de valentía e hidalguía demostrada por las mujeres y los hombres insulares en el proceso de la “Guerra de Independencia” cuyo factor determinó que  la otrora Provincia de Margarita quedara dignificada como estado Nueva Esparta en remembranza a las hazañas de sus autóctonos. Mención obtenida en el cambio político-administrativo de la Constitución de los Estados Unidos de Venezuela sancionada el 28 de marzo de 1864 y promulgada por el entonces presidente Juan Crisóstomo Falcón el 13 de abril de 1864 cuando la  «República de Venezuela»  adaptada al sistema federal quedo distinguida como  «Estados Unidos de Venezuela», conformada en veinte estados y el Distrito Federal como su capital.

Significa entonces, que las Mujeres de la Región Insular de La Costa de Las Perlas  merecen un sitial en esa referencia espartana, a cuyo pesar de este presente, las margariteña-espartanas están mayormente omitidas en esa narrativa histórica  en la cual, aparecen mencionadas en un conglomerado sin rostro o como una sombra del patriota-heroico. Por esas razones, adalides como María Luisa Tubores merecen el reconocimiento de haber encumbrado el orgullo de la  herencia Guaiquerí, distinguida con gran preponderancia en esta isla de Margarita, cuyas loables cualidades forman parte de esa identidad, donde LAS MUJERES TIENEN UNA HISTORIA QUE CONTAR…

[1] AYALA LAFÉE- Cecilia, Pedro Rivas Gómez y Werner  Wilbert, (2017) Caballeros del Mar: los Guaiquerí, un pueblo con historia. Caracas, Venezuela  Impresión: Switt Print C.A. Academia de la Historia del estado Nueva Esparta AHENE. Vol.1.  P. 223

[2] ROSA ACOSTA Rosauro (1996) Diccionario Margariteño. Biográfico,  Geográfico  e  Histórico. Margarita: Fondo Editorial del estado Nueva Esparta. Colección Contemporánea “Gustavo Pereira”. P.443.

[3] BRICEÑO, Mariano de (1885) Historia de la Isla de Margarita. Biografías del General Juan B. Arismendi y de la Señora Luisa Cáceres de Arismendi. Segunda edición. Caracas: Imprenta El Monitor. P. 144.

[4] Ibid. P.145.

[5] YANES, Francisco Javier (2008) Historia de Margarita. con Observaciones de Francisco Esteban Gómez. Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana. Colección Historias. Pp. 103 y 104.

[6] Ibid. P. 239 y ss.

[7] Ibid. P. 146.

[8] SALAZAR FRANCO, José Joaquín. -Cheguaco- (1980) Rastrojeo de la Historia Margariteña. Santa Ana, Isla de Margarita: Editores SENECA, Alcaldía del Municipio Gómez. P. 150.

[9] Ibid. P. 60.

[10] GUERRA del PELOPONESO -431 a. C.-404 a. C.- fue un conflicto militar de la Antigua Grecia que enfrentó a las ciudades formadas por la Liga de Delos -encabezada por Atenas- y la Liga del Peloponeso -encabezada por Esparta-. Disponible: https://www.google.com.

[11] GIMENO DE FLAQUER, María de la Concepción (1886) Las mujeres de Esparta y las mujeres de Atenas. Disponible: Disponible: https://www.cervantesvirtual.com.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *