Manuel Avila

La grandeza de los hombres no solo se mide por su actuación política, ni por su calidad profesional, ni por sus investigaciones, ni por haber compuesto canciones o poesías, ni siquiera por descubrir la cura de cualquier virus, sino por la entrega a su pueblo al lograr conseguir beneficios para todo un colectivo y eso fue lo que cristalizó el investigador de la cotorra margariteña cuando piso Miraflores porque para José Manuel Briceño el amor por Macanao la tierra que le permitió convivir con la cotorra margariteña es parte de lo más trascendente que le ha ocurrido en la vida.
A José Manuel Briceño, un investigador que se vino de su pueblo de origen en Aragua a trabajar por más de 20 años en defensa y preservación de la cotorra le correspondió ensuciarse los pantalones de barro y los zapatos de polvo del camino. Mientras muchos se ocupaban de sus banalidades políticas y otros trataban de teorizar sobre el tema de la cotorra y no terminaban de cristalizar propuestas intereses al científico se le ocurrió convivir en los espacios de la cotorra para conocerla de cerca y saber conocer sus intríngulis. Para eso había que estudiar historia, cultura, derecho ambiental, tradiciones, identidad, sicología y hasta siquiatría. Debía conocer como pensaba el margariteño en general y como había venido actuando el macanaguero por centurias, de cómo pensaba y por qué las leyes de la región habían permitido durante toda su historia que se traficara ilegalmente con la cotorra margariteña. Toda una tarea compleja para descubrir misterios y sueños y hasta tuvo la oportunidad de llevar a Jesús Avila “El Guanaguanare a participar en algunos campamentos porque su música dejó mensajes importantes sobre la conservación de la naturaleza, las aves y por sus conocimientos de botánica y tradiciones ancestrales.
Eso lo aprovechó José Manuel para formar una legión de cotorreros convencidos que la ruta correcta de la historia preservacionista estaba centrada en proteger y custodiar la zona cotorrera para que más nunca se robaran los pichones, ni que las culebras se comieran los huevos y que los depredadores tomaran conciencia del daño que le estaban haciendo al planeta al acabar con esta especie a punto de extinción. Había que acabar con esa conducta ancestral de que cada margariteño debía que tener una cotorra enjaulada en sus casas para remedar al vecino y hacer chistes con el lenguaje animal, solo porque sus abuelos habían mantenido esa costumbre por centurias.
La tarea más dura del Coordinador de Provita en Nueva Esparta fue sensibilizar a los muchachos de Macanao sobre la pasión por la defensa de la cotorra hasta que llegaran a entregarse en cuerpo y alma a esta lucha por mantener viva la tradición cotorrera de los margariteños.
Por ese trabajo que muchos vieron como algo intrascendente de reconstruir y construir los nidos de las cotorras en su hábitat con tubos pvc, en los troncos de los árboles y abriendo caminos para que las cotorras de sintieran felices en su espacio ambiental, se fue armando información sobre un trabajo de todos los días que tuvo avances y retrocesos, pero con la mirada puesta en el objetivo fundamental de preservar la cotorra margariteña. Esos informes mensuales llegaron a los espacios de la Fundación Internacional National Geographic y se le dio el reconocimiento a José Manuel Briceño el Coordinador de Provita Nueva Esparta por el trabajo ambientalista realizado con la cotorra margariteña. Es el logro de todo un equipo como dice José Manuel para incluir a su gente en el premio logrado por su persona como investigador y que buscó siempre retribuir al pueblo de Macanao por haber adoptado el proyecto como algo realizable a largo plazo y sobre todo por la hospitalidad de su gente que lo aprendió a valorar por la labor realizada. Ahora los que veían al investigador y su equipo como unos aventureros que dormían a la intemperie para custodiar a la cotorra margariteña y que cada día avanzaban por encima del clima caluroso y las lluvias abundantes, saben que preservar la cotorra no es un simple juego de niños, ni un capricho de un soñador pueblerino.
Luego vino la etapa de ir a Washington a recibir el premio, los reconocimientos en instituciones públicas y privadas, las conferencias, las entrevistas y el reconocimiento de su institución Provita por haber logrado tal hazaña mundial. Y se encontró grandes aliados en el camino en las personas de Jhonatan Rodríguez y Magaly Guédez de García que desde Cevamar pusieron sus mejores esfuerzos para que se hiciera posible el viaje a tierras norteñas. Y sobre todo su asesor desde Provita internacional Jon Paul Rodríguez, Presidente de Provita A.C que fue tejiendo con él toda esta hazaña que ya forma parte de la historia de Nueva Esparta y del mundo.
Vino entonces la invitación a Miraflores donde el Presidente y sus ministros le abrieron las puertas en trasmisión televisiva pública y donde tuvo la oportunidad de dibujar con matices de varios colores el plan de vuelo que hizo para llegar a los espacios del poder a entrevistarse con los gobernantes de turno. Y le fue muy bien al científico de las cotorras margariteñas porque supieron ver en el gobierno con la óptica del progreso y el desarrollo lo importante de la conservación del ambiente.
Esa es la línea mundial de salvar el planeta y quien no esté alineado con la onda mundial ambientalista debe retirarse de esta sociedad tan llena de confusiones.
Por esa presencia de José Manuel en Miraflores mucha gente apostó a la crítica y lanzaron cohetones rastreros para intentar incomodar la visita al Palacio Presidencial y el resultado fue que el científico solo llevó en cartera una petición de mejorar las condiciones de vida del Pueblo de Macanao y el mandatario le respondió con toda la fuerza del poder. Hoy están rehabilitando a Macanao entero con el asfaltado de sus carreteras, rehabilitación del ambulatorio, del centro educativo, la refacción de la planta desalinizadora, las mejoras del servicio telefónico y del internet y la posibilidad de la recuperación eléctrica de sus plantas; además las bolsas clap aparecieron de nuevo con los mejores productos incorporados en su entrega.
La petición del galardonado investigador José Manuel Briceño funcionó porque en vez de pedir un carrito chino o una casita de la Misión Vivienda o una beca para uno de sus hijos, la solicitud del soñador científico fue que rehabilitaran al pueblo que tanto ama.
Esta hazaña del premio National Geographic lograda por José Manuel Briceño es un ejemplo para el mundo que debe avocarse a preservar sus especies, a proteger las abejas, a conservar los ríos y montañas y a preservar la fauna. Es un modelo a seguir y no hay que verlo como una caricatura en la cual los políticos venezolanos comiencen a tener criaderos de guacamayos y de turpiales en sus casas para ganar premios nacionales e internacionales.
Los afectos de todo un pueblo al actor ambiental más importante de Margarita y de toda Venezuela se tradujo en beneficios para su pueblo y eso quedará escrito para la posteridad como el efecto de un investigador que con su trabajo alcanzó la gloria al contribuir a la transformación de su ambiente. Por eso los macanaguenses lo convirtieron en su leyenda de los nuevos tiempos como un investigador importante que sin ser político le cambió la cara a Macanao.
A los que se atrevieron a decir que la National Geographic se equivocó al entregar un premio internacional por tan sencilla labor de conservar las cotorras margariteñas, solo me queda informarles que esas opiniones ligeras son solo saludos a la bandera, pues como dijo alguien “Hay que salvar el planeta a toda costa aunque sea pasándole por encima a la ignorancia, a los depredadores del mundo y a los amantes del caos mundial”.

 

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