Manuel Avila

Los Cronistas de Nueva Esparta recibieron un legado envuelto en hilos de oro de los grandes hacedores de historia de Nueva Esparta. Es que nuestro pueblo tenía la historia represada en pergaminos, documentos y en la tradición oral y en libros de los cronistas antiguos que reposaban en España, Cartagena de Indias y Dominicana. No había nada en Margarita, no teníamos historia en nuestras manos y había la necesidad de fabricarla por encima de todas las cosas y salieron de la sal, de los conucos, de entre los guicheres y las taguataguas, de entre los maizales, de las empalizadas y los cerros unos 6 gigantes llamados cronistas margariteños que decidieron echarse al hombro la historia de Nueva Esparta. Eso personajes que fueron titanes de la historia nuestra decidieron darle identidad a los pueblos insulares y se entregaron de día y de noche a hurgar en los registros, en las notarías públicas, en la Curia, en los viejos documentos familiares, en libros antiguos y en la tradición oral los valores de nuestra historia par darle personalidad histórica a los acontecimientos que rodearon el nacimiento y desarrollo de nuestros pueblos.
De Pampatar, a Los Robles, a Tacarigua, Santa Ana del Norte, Porlamar, Altagracia y Juan Griego brotaron como titanes de la historicidad Jesús Manuel Subero, Rosauro “Charo” Rosas, Nicanor Navarro, Felipe Natera Wanderlinder, Ángel Félix Gómez, José Salazar Franco “Cheguaco” y tantos otros como Santiago Amparán, Erwin Murguey, Pablo Ramírez que se ocuparon de rellenar libros con apuntes interesantes de la vida, acciones y acontecimientos que formaron parte del nacimiento de nuestros pueblos.
Largos períodos de recopilación de datos, de utilización de fichas, de anotaciones que constituyeron la armazón de la historia de Nueva Esparta. Por supuesto que se vieron en la necesidad nuestros cronistas editores de apelar a la memoria colectiva de los más viejos para terminar de armar esos dameros históricos que dejaban en el aire la fundación y creación de nuestros pueblos.
Estos cronistas usaron los elementos que tuvieron a mano porque solo lápiz y papel eran las herramientas con que contaban y si acaso algunos tenían una máquina de escribir que era una reliquia y un arma poderosa en esos tiempos. Por eso perdieron su vista entre lámparas de carburo y la oscuridad de las noches y madrugadas. De esa forma los cronistas fundadores apelaron la literatura como arma para estructurar ideas sueltas que no cuadraban de ninguna forma, ni manera.
No eran tiempos de computadoras, de teléfonos inteligentes, ni tablets, ni cámaras fotográficas ultra modernas y ni se asomaba el internet como propulsor de las comunicaciones y si acaso los periódicos clandestinos que se hicieron en nuestros pueblos en otros tiempos. He ahí el valor del trabajo realizado por los hacedores de historia que conscientes de que estaban estructurando la historia de nuestros pueblos se pusieron de acuerdo para repartirse entre ellos la responsabilidad de compilar la verdadera historia de los pueblos insulares.
Aquí no vinieron de Caracas, ni de Mérida, ni de las academias venezolanas a ayudar a nuestros cronistas a realizar el trabajo de campo para estructurar la historia de nuestros pueblos, sino que los cronistas de Nueva Esparta asumieron el reto de construir de la nada lo que no existía. Por eso la Academia de la Historia se vio en la necesidad de incorporar como miembros de esa institución a Jesús Manuel Subero, Efraín Subero, Ángel Félix Gómez y a Charo Rosas en su seno.
Por esa razón los cronistas crearon la Asociación de Cronistas de Nueva Esparta hace 40 años para sembrar en esta institución la pasión por preservar y custodiar la historia de Nueva Esparta con hombres y mujeres conocedores de los orígenes del hombre insular y comprometidos con los estudios de las acciones que llevan a cabo los hombres y mujeres de esta sociedad.
Ahora cuando intentan aparecer instituciones con siglas nuevas y con figuras nuevas que forman parte de la deformación y de la metalización de la historia que apuestan al mecenazgo de la historia y a realizar acciones fundamentadas en la negociación de los valores de nuestra realidad pretendiendo convertir la historia de nuestros pueblos en actos de chistes y del humor por lo cual le decimos que los cronistas estamos de pie para evitar celadas dirigidas a metamorfosear las tradiciones de nuestra historia, pues como dijo Ángel Félix Gómez “Aquí se ha pretendido ser cándidos. Lamentablemente esa candidez a cada rato nos la violan. No podemos seguir alimentando grupos con falsos conceptos de puridad insular”.

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