Manuel Avila

La vida de un panadero está marcada por la brega diaria, por los aciertos y fracasos y sobre todo por la bondadosa tarea de producir buen pan para la gente. Hay panaderos d alto nivel y otros que no pasan de ayudantes o repartidores de mercancía.
El caso de Luís Porfirio Martínez es el de un nacido en Punta de Mata para el año 1964 y a los 15 años se fue a Anaco del estado Anzoátegui a trabajar de ayudante en la Panadería Lisboa. En calidad de aprendiz se fue el muchacho puntematense como repartidor de pan en sus comienzos. Para 1975 se viene Luís Porfirio a Margarita con el mismo dueño de la Panadería Edimar con quien había trabajado en Anaco con una empresa del mismo nombre. Ese portugués dueño de la panadería nada sabía del negocio, pero buscaba los mejores para sembrar una empresa de renombre.
Cuándo se viene a Margarita el empresario portugués se trajo consigo 14 hombres y los alojó en Porlamar en el piso de arriba de la panadería con derecho a sus tres comidas y habitación. En esa Panadería Edimar fortaleció su oficio de panadero.
En Porlamar conoció a Ana María Avila la hija de Chu Avila y Pragedes con quien se unió en matrimonio para hacerse roblero. Conoció bien a Vicente Emilio y María Gabina a quienes quiso como hermanos por la estrecha amistad que se tejió entre ellos. Reconoce que María Gabina era una mujer muy noble de corazón, pero jodida con la lengua y había que saber entender su forma de ver el mundo.
En Los Robles le vino la buena suerte por haber encontrado el amor de su vida y el empleo soñado porque la suerte de haber llegado a La Calle Aurora espacio donde hizo grandes amigos y conoció gente buena como Diego Rosas, Rosendito, Juan Rodríguez, Licho Flor y Dieguito “Perico” Rosas, a Seberiana, Wilmer Aminta, Nella y Alberto Rodríguez, Mangalapa, Musa y a los hijos de Antonio Mendoza e Hilda y según Licho Flor le vio la cara al Juan Vicente Gómez de Los Robles que con su pinta de comunista furibundo quiso mostrarse ante el mundo como el nuevo líder del régimen en predios robleros.
Ahí en la Calle Aurora montó su panadería artesanal “Rico Pan” que registró con ese nombre y arrancó fabricando donas, torrejas, empanadas chilenas, pan francés, bombas, tequeños y otras variedades. Con su fama de panadero de Los Robles ya en conocimiento por parte de los habitantes se tropezó un día con Celestino “Tingo” Brito”, el hijo de Jesús Brito y Francisca “Chica Anronia” vecinos de su calle y le ofreció el trabajo de panadero en el Hotel Dinasty de Porlamar por allá por 1995 y no ha defraudado a su padrino que lo llevó a formar parte de esa familia hotelera. Tuvo la oportunidad de trabajar en el Dinasty reconocido hotel de Margarita con gerentes del nivel de Antonio Marín y Martín Espinoza. En ese trabajo tiene 28 años de servicios mostrando responsabilidad y oficio.
En su panadería artesanal de Los Robles en su casa de habitación llevó su vida con Ana María y tuvo sus cuatros muchachos en Anny, Abelito, Luisana y Luís Vicente que es el único de sus hijos que aprendió el oficio de panadero y hace panes artesanales en su casa para vivir de ese oficio.
No ha sido fácil la vida de Luís Porfirio Martínez porque para adquirir los equipos ha tenido que bregar duro y gastar sus ahorros en la compra de la batidora, el horno, las bandejas, cocina y el resto de los equipos que conforman el staf de la Panadería Rico Pan. Todo se ha puesto caro y hacer panes artesanales no es tan fácil porque el costo de la vida ha ido creciendo aceleradamente y la harina que era la más barato, ahora es muy costosa y los equipos valen una fortuna. Y por citar algo el horno que le costó traído desde Valencia en 11 mil bolívares no quiere ni imaginarse cuánto puede costar en este tiempo.
De sus compañeros que vinieron con él de Anaco solo quedan tres en la isla Julio Bermúdez, Antonio Pérez y José Bastardo que todavía trabaja en la Panadería 4 de Mayo de Porlamar. Del resto no se sabe su paradero en tierras margariteñas.
En Los Robles lo han tratado con mucho respeto y es parte de la identidad pilarense porque siente que en este pueblo la gente lo quiere y lo respeta. Tanto es su presencia en el pueblo que la mayor parte del pueblo le ha comprado pan en el tiempo y ha hecho amistad con muchos pilarenses.
Como premio a su trabajo hace dos años el Alcalde Ejemplar, Morel David Rodríguez Salcedo le dio un reconocimiento como Hijo Adoptivo de Los Robles y esa valoración le permite cada día trabajar con mayor intensidad para dar su gente una mejor calidad en el producto que sabe fabricar.
Tuvo la suerte de tener la visita en su casa de dos Cronistas de valía en Nicanor Navarro que fue Cronista de Margarita y de éste Cronista Manuel Avila, Cronista de Nueva Esparta. Con ambos conversé sobre lo sagrado y lo profano del oficio de panadero y no logré que Nicanor que fue mi amigo me hiciera una crónica y a usted que lo recién conozco me está haciendo un trabajo escrito para que mi paso por la vida quede registrado en una crónica de su siembra particular.
A Nicanor Navarro lo tuve en mi casa de visita varias veces y se sentó en ese mueble a conversar conmigo como amigo y tengo una anécdota de su persona, pues como tenía mi mata de limón de siempre y él venía a buscar ese fruto se adelantaba en la conversación diciéndome que no era maldiojero. Y no lo era porque la mata todavía está en el patio de mi casa y ya Nicanor tiene varios años de muerto.
A las 6 de la mañana de cada día Luís Porfirio Martínez sale caminando desde su casa de El Tamoco que fabricó con su familia, amigos y los pasantes del Inces y donde está sembrado el fruto de su trabajo. Esa casa se le regaló a una de sus hijas y en ese espacio vive con su familia.
Y aún cuando la crisis del país agobia Luís Porfirio Martínez mantiene viva la llama de la esperanza en la salvación del país y por eso mantiene abierta su panadería artesanal “Rico Pan” los fines de semana por ratos donde elabora bobas para la venta y pan canilla para su familia, pues los costos de los productos le impiden la fabricación de pan para la venta. Esas son las incongruencias de un país donde no los panaderos pueden hacer pan para remediar a la gente, y como escribí “Los panaderos son manos mágicas que le hacen terapia al paladar de su pueblo”.

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