Pedro González Silva

 

El jueves 21 de diciembre, a las 11:28 de la noche, hora venezolana (22 diciembre a las 03:28 hora universal), el Sol hace su ingreso al signo de Capricornio, y se produce el solsticio de invierno, cuando nuestro astro rey se encuentra en la parte más alta del zodíaco, iluminando con su brillo a la humanidad, es el momento en que se produce la noche más larga del año en la latitud norte, y una energía muy especial inunda al globo terráqueo, es el momento de la llegada del espíritu de la Navidad.

Se trata de una vibración cósmica muy sutil y a la vez poderosa, un egregor o ente espiritual capaz de transmitirnos un estado de ánimo proclive a la introspección, a la búsqueda interna; esta vibración cósmica está envuelta de las características más elevadas de la franja zodiacal de Capricornio.

A Capricornio se le relaciona con lo material, con el ejercicio del poder real, no el que se ostenta, sino el que de verdad se ejerce, es el que controla, el que estructura, el que impone leyes, disciplina, el ser maduro que con su sentido de la responsabilidad se gana los cargos de dirección, es también el que administra con pulcritud y rigidez los presupuestos.

No obstante esta relación con lo material, Capricornio es también uno de los signos más espirituales, es capaz de llegar al ascetismo, al sacrificio, es capaz de sufrir duras pruebas por defender su verdad espiritual. Capricornio se asocia a la madurez, a la sabiduría, es el signo de los grandes avatares o maestros, que han venido a traer un mensaje del universo a la Tierra.

Saturno es el planeta regente de Capricornio, es el gran maestro que con su sabiduría y severidad, nos encamina por el camino correcto, nos da dificultades para que aprendamos a no repetir esquemas errados, nos da fuerza de carácter para trazar nuestro rumbo con responsabilidad, nos impone su ley para aprender a vivir en sociedad y entender que nuestros derechos terminan en donde empiezan los de los demás, ese es el límite que impone Saturno, planeta que se asocia al “karma” es decir, a la acción y reacción.

Ese maestro, dentro de su severidad es amoroso, quiere guiarnos por el camino del bien, es la conciencia crística, iluminada, búdica, que se hace presente por estos días, y nos lleva a un viaje hacia el interior de nuestro espíritu para conmemorar la Navidad, el nacimiento de Cristo, que es un acontecimiento cósmico, es la primera manifestación de vida en la naturaleza, el principio de todas las manifestaciones.

Cristo debe nacer en cada alma humana como principio de luz y de amor divino y en tanto el hombre no posea esa luz y ese amor, el Niño Jesús no puede nacer en él. Lo que falta es que cada uno tenga el deseo de hacerlo nacer en su alma, ese es el verdadero significado del espíritu de la Navidad. A partir del momento en que ocurra el solsticio de invierno, nos envolverá un ambiente energético que nos lleva a un viaje al interior de nuestro espíritu, para conmemorar la Navidad.

Recordemos, aunque en la latitud sur del planeta llega el veranos desde el punto de vista climático, en cambio, desde el punto de vista astrológico, el invierno psicológico y espiritual nos impregna a todos por igual, bajo la influencia capricorniana.
El ritual del espíritu de la Navidad no es un evento ajeno al nacimiento de Jesús, no se trata de algo distinto, es un evento cósmico que nos pone en el umbral de la llegada de Dios hecho hombre, y lo importante es compartir ese momento con familiares y amigos, y elevar oraciones, deseos y buenos propósitos, al cielo.

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Ilustración: Pedro González Rondón
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