Manuel Avila

Cuando inicie mi carrera docente era fabuloso ejercer la carrera docente por la cantidad de conocimientos que abarcabas en el Pedagógico de Caracas y por la experiencia de manejar conductas, experiencias y conocimientos para ayudar a los demás en la construcción del progreso y desarrollo de tu país. Nunca llegué a pensar que con el advenimiento de la revolución bonita los docentes no solo perderían su estatus, sino que se convertiría en una tragedia con el paso de los años. No era segundo de nadie el IUPC y los profesores del instituto eran los mismos de la UCAB y de la UCV en la Escuela de Letras.
Fueron nueve semestres de intensa actividad académica con pruebas orales, escritas y trabajos de investigación que hacían a los estudiantes madurar profesionalmente como cuando acudí al Retén de Catia a buscar muestras lingüísticas del calé delictual y frases de moda en la jerga hamponil. También me dio satisfacciones como las prácticas docentes en la Escuela “Miguel Antonio Caro” de Catia y donde con un promedio de 16 compañeros nos correspondió ilustrar por tres meses a los alumnos de 4to y 5to años de la mencionada institución y la gratificante experiencia de participar en la investigación de palabras para enriquecer el Diccionario de Venezolanismos que editó la UCV desde el Centro de Investigaciones Filológicas ´”Ángel Rosenblat”. He podido quedarme en Carcas en labores de investigación porque eso me propusieron, pero decidí venirme a la isla de azul y viento como dijo Prieto Figueroa a colaborar en la enseñanza de la lengua a la sociedad margariteña y a escribir hasta que se me secara el cerebro de todas las experiencias que se viven en esta isla. Y que mejor espacio para enseñar lengua y literatura que Margarita, Coche y Cubagua, tres islas de las más bellas que ha parido la tierra.
Sin dudas que preferí el olor a salitre y algas y la brisa yodada de las costas margariteñas y las esencias mágicas del Matasiete, del Cerro Copei, el olor a orégano fresco del Cerro de Las Cabras y el tufo a toco y a chiguichigui que brotaba del Cerro de La Ermita. Había dejado de tener la vista exquisita del Avila en sus amaneceres que nos regalaba cada mañana la UCV desde sus ventanales con su reloj y su chichero instalado en sus jardines.
Pero preferí venir a conocer de cerca las montañas de San Juan Bautista donde me instalé con mis primeras 27 horas de clases a la falda de la montaña en el reconocido Liceo “Gaspar Marcano” y donde empecé a crecer como docente con profesionales de alto nivel pedagógico de los cuales empecé a aprender el oficio de profesor que no todo el mundo sabe ejecutar. Ahí fue mi primera escuela durante 10 años tiempo que empecé a compartir con la Escuela d Artes Plásticas y el “Juan Bautista Arismendi” hasta que me concentraron en una sola institución y a petición mía en el Liceo “Luisa Cáceres de Arismendi” de Los Cocos, Porlamar. Trabajé intensamente por años hasta compartí experiencias universitarias con un Tiempo Completo en la UDONE y una basta experiencia en la UPEL Nueva Esparta en su proceso de transformación donde pude dictar asignaturas que nunca había tocado en mi desandar magisterial. La misión estaba centrada en ayudar a los insulares en el proceso linguístico que tanta falta hacía y ahora más en estas tierras de la Virgen del Valle. Y es que los pueblos siempre van a necesitar que los ayuden en la construcción de palabras, oraciones, frases y textos escritos y orales.
Me reencontré con la pasión de mi vida que eran los deportes y me adentré en la pasión por la escritura, la ortografía, los cuentos, ensayos, crónicas, poesía y discursos escritos, los que combiné don una experiencia hermosa escribiendo en los periódicos regionales sobre diversos temas de la cotidianidad neoespartana. Así pude ser articulista del Diario del Caribe, Diario Caribazo, Sol de Margarita y en el Diario La Hora y La Tarde. Eran escritos de todos los días en columnas diversas que hacían brotar la imaginación y la creatividad. Tantos escritos juntos desde distintas columnas hicieron pensar a algunos enemigos de la creación que me copiaba del editorial del diario El Impulso” de Barquisimeto. No concebían los enemigos que los tiene uno en la vida y se esconden tras las sombras como siluetas deformadas de la envidia que se forman estereotipos equivocados de lo que cada uno fabrica desde su alma. Y es que es válido que la envidia una forma morbosa de ver la vida fabrique criaturas de la mentira y la deformación, pues no poder superar a alguien hace del envidioso un ser enfermo y lleno de odios ancestrales. Y es par que vean ustedes que hay gente que se ocupa de recoger basura de la vida a esos los llamo “Corronchos de la podredumbre”.
Siempre creí que no solo desde el aula se enseña y por eso decidí escribir de todo y no de novelística, cuentística y poesía, sino de deportes y eso hice que inmortalizara mi columna “El Hacha Guaiquerí” que acompañó a la tropa indígena en los años dorados de la tribu. Y eso me impulsó a conseguir el título de locutor para llevar a la radio esa columna deportiva y posteriormente a “Paradigma” en Reina 96.7 Fm que se mantuvo en el aire durante 5 largos años para realizar las entrevistas más colosales con personajes de la vida venezolana.
Toda esa actividad comunicacional la realicé con miras a fortalecer y enseñar el idioma materno porque soy de los que cree que te gradúas en una universidad es para contribuir al desarrollo de tu pueblo, de la gente y a fortalecer la sociedad en el tiempo que te correspondió vivir.
Por eso el oficio de ser Maestro no es cualquier cosa y por eso cuando tuve la oportunidad de ser Director de Educación de Nueva Esparta apunte mis esfuerzos hacia la Excelencia Educativa y eran los tiempos cuando el docente podía todavía respirar con lo que ganaba y hasta los maestros con sus sueldos viajaban, se daban algunos gustos y hasta contribuían a la funcionabilidad del aula y de la escuela en general. Eran los tiempos de las escuelas nuevas de paquete, de las aulas de telemática ultra modernas con 30 equipos marca Dell por escuela y donde el maestro y el alumno sintieron confort en su profesión. Creo sin dudas que fue el tiempo de oro del Morel Gobernador porque se comprometió a adecentar la educación insular y cuando a los docentes nunca le faltaron cursos de formación para enriquecer sus herramientas de la enseñanza.
Hoy cuando soy Cronista de la Parroquia Aguirre y Cronista Oficial del Estado Nueva Esparta sigo trabajando por la enseñanza de la lengua como el primer día, sobre todo en estos tiempos cuando la tecnología y las redes sociales atraparon al ser humano y ponen a cualquier persona a escribir barbaridades del contenido, a cometer excesos ortográficos, a deformar el lenguaje con construcciones fuera de lugar y es cuando el rol de docente aflora para ayudar a curar tantas llagas del idioma que requieren de la mano aleccionadora, de la palabra correcta y del consejo a tiempo para que la lengua se nutra de la pureza para hacer impecable el idioma.

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