Mirimarit Paradas

Manifiesto de pequeñas muertes (fragmento)

Antonio Trujillo…el Chinamo de los Encantamientos
En unos de los encuentros de trabajo… de la Escuela Nacional de Poesía Juan Calzadilla (Coordinada con gran acierto por la reconocida poeta Ana María Oviedo Palomares); tuve la oportunidad de reencontrarme con uno de esos poetas que te atrapan por su calidez, su humildad y sus conocimientos: Antonio Trujillo, a quien yo llamo con mucho respeto, “el Chinamo de los encantamientos”, por su manera de abordar y asumir el hecho literario. Un hombre, un Poeta que se apasiona en el calor de su hacer literario, un conocedor de los vericuetos de la creación y el sueño, pero también del poeta que protesta ante las injusticias, ante el dolor y la tortura, a la imposición de las grandes potencias que pretenden intimidar, utilizando a los grandes medios de comunicación, de las redes sociales y la tecnología.
Poeta, Artesano y Maestro Honorario de la Universidad Nacional de las Artes (San Antonio de los Altos, 1954). Dirigió la revista literaria Trapos y helechos. Entre sus libros se destacan: De cuando vivían los pájaros y otros poemas, Vientre de árboles, Taller de Cedro, Ballestìa y Malvasía. También es autor de los libros Testimonio de la Niebla. Voces de los Altos Mirandinos y Regiones verbales. En 1983 forma parte del taller de poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, coordinado por otro de nuestros grandes poetas venezolanos: Juan Sánchez Peláez.
En el año 2012 gana el Premio de Literatura Stefanía Mosca, mención, con Hilo de Pájaro. Actualmente es el cronista oficial de San Antonio de los Altos y director de la Revista Nacional de Cultura.
Su poesía nos acerca a la grandiosidad de la naturaleza: a la fronda, a la hoja, a la musicalidad y el ritmo de los pasos, al bullicioso ruido del silencio, a la palabra oculta que te descubre y que te envuelve en la atmósfera subliminal del tiempo y el espacio “el chillido viene de la fronda/suena en esta hoja/y la tierra es de nuevo/inculta sin tejidos /realenga/ sin rey”. Nos dice en una hermosa antología que me dedicó en el compartir de los asuntos de la literatura “Dios es un pájaro sobre la Escritura”, hermoso libro, que, con el permiso del poeta, comparto con ustedes su dedicatoria –Para Mirimarit Paradas, La piel y el ave de Dios…en una palabra y la amistad. Caracas 20 de marzo 2023, pues nos encontramos en el marco de la puesta en marcha de la Escuela Nacional de Poesía Juan Calzadilla, realizada el 21 de marzo (Día Mundial de la Poesía), evento que se llevó a cabo en los espacios del Liceo Andrés Bello, donde entre otros estuvieron presentes el Poeta Juan Antonio Calzadilla, Luis Alberto Crespo, el poeta Freddy Ñàñez, Vicepresidente Sectorial de Comunicación, Cultura y Turismo y Yelitze Santaella, Ministro del Poder Popular para La Educación, además de Ana María Oviedo Palomares y coordinadores de 16 estados del país.
Conversar con él, es descubrir la huella del asombro, esa sonrisa pícara envuelta en el inagotable ventanal de lo sagrado, ese aliento, ese misterio que emerge y se desplaza en cada uno de sus versos, en el propósito e intencionalidad de sus palabras y su oficio poético y es que es como si nos hablara y nos descubriera la fuerza de la divinidad suprema, un Dios, que no es el Dios de las Religiones, pero si el de la justicia, el de la paz, del amor, el del reencuentro en la mirada del otro: “Si habla solo/ lo siento victorioso/ los eucaliptos son gentiles/desea una oración y camina en las voces/un día de estos entro a misa/con mi corazón rojo/lo detiene el oficio/¿qué madera será esta?/ es su palabra” y, el manantial se renueva y se devuelve convertido en transparencia en la desnudez de la palabra que conmueve y que al mismo tiempo nos coloca frente a frente sin obstáculos, sin barreras que nos protejan o nos salven de los designios trazados en el oráculo de la vida y la existencia. Y es que se trata de hablar de Dios de manera correcta, hacerlo bien, nombrarlo sin dobleces, sin medias tintas, sin cercenar su potencia, sin detener su desplazamiento y aún más, sin incorporarlo del todo. La eterna pugna entre Filosofía y Poesía y es que con Antonio Trujillo, el lector encuentra una tregua. Lo posible de lo sagrado que se manifiesta siempre como agonía y renacimiento del lenguaje, abriéndole el paso a un discurso moderno que impide al logos marchar en una dirección u otra del hombre y sus designios.
“La muchacha de Jamaica/nombra los pájaros/intuye otras islas/su cuerpo/alumbra las aguas/y al pulso de las edades /nos oímos/en la sal/de los cuerpos”. Y es que nuestro Chinamo de los encantamientos, que no es otro que Antonio Trujillo, nos abre las compuertas de un bordaje de luces e imágenes que dan brillo a su voz, a ese pulso que nos marca y nos llama en el incesante péndulo de la vida, ese espejo sagrado que delinea los rostros y nos muestra la verticalidad de una sonrisa. Hasta la próxima les dejo con los versos de nuestra querida poeta de Puerto Ayacucho: Yuri Patiño “Ya salieron de las tumbas/ sus carnes de maíz, impregnadas de los campos”.

Un comentario

  1. Excelente exégesis de la poética de Antonio Trujillo y su discurso literario y de vida. En las palabras de Mirimarit se desplaza, como una sombra de vida, la silueta y la voz de Antonio Trujillo.

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