Manuel Avila

No llegué a pensar alguna vez que el ser humano iba a perder su alma. Eso está ocurriendo cuando la maldad se apoderó del mundo para que la gente usara máscaras para mostrarse como santos ante una sociedad que marca a los malos de alma.
Llegar al punto de maltratar sin compasión y después regresar a la vida normal cómo si no hubieses hecho daño es parte de la torpeza del envidioso que no entiende de sueños y poesía, razón por la cual se atreve a torpedear cualquier intento por hacer el bien a una sociedad que camina arrastrando los pies. Por eso a los que usan su lengua para derrumbar muros y sus ideas malévolas como parte de una comparsa con Steel band incorporado es mejor que se queden colgados de la brocha soñando con esculpir imágenes de la maldad en piedras y maderas erosionadas por el salitre que les quema el alma.
Vino con la poesía acuestas lanzando suspiros de clemencia para ondear banderas de tres colores y golpear sin compasión las dendritas de los malos que soñaron país sin tener un solo verbo para tejer ilusiones con hojas secas. Es que la sociedad perdió sus valores cobijados en mentiras fabuladas que se le sembraron a los malotes de alma en sus oraciones de lo oscuro. Por eso cuando el hombre veía que su rival se desprendía en la carrera y le sacaba ventajas acudía a la palabra de la perversidad para trancarle los caminos de cualquier manera y pasaba largas horas en su cerebro de la ignorancia cocinando maldad a fuego lento para hacerse daño así mismo. Y es que golpear a su misma familia es la misma conducta de las envidiosas de siempre que no tienen otra alternativa que criticar sin cesar para crear círculos de maldad que intenten doblegar a quienes los superan en peso y tamaño.
No hay peor enemigo para un ser humano que vivir rumiando maldades y cocinando chismes que se le devuelven como boomerang para golpearlos en pleno rostro cuando las lluvias de octubre le golpean sus rostros feos cargados de acné y de visiones malformadas de afectos torcidos.
En eso se les va la vida ocupándose de las nimiedades fabricadas en papel bond y que se devuelven como barquitos de colores salpìcados del barro rojo de lo grotesco de la vida. No se ocupan de lo positivo sino de tejer comparsas en la oscuridad para ocultar sus rostros de guáralas heridas que con sus plumas manchadas por el odio caminan en retroceso buscando salmueras en medio de los cantos de chinigüas.
Vi el rostro de la maldad cerca de la urna del poeta herido de palabra y cuando me vio retrocedió porque la maldad no lo dejaría dormir para siempre. El rictus del enmascarado se enrojeció cuando en su mundo de ignorancia recordó que son solo su valentía de ver de nuevo al hermano caído era suficiente para pedir perdón a Dios por haber tejido crinejas de la perversión para hundir el barco de la vida.
Qué malo es el ser humano que se arranca los afectos de su corazón para cruzar paredes y torcer sebucanes con trenzas de la maldad. Y le vi el rostro cien veces y mil veces en fracciones de segundos cuando el verdugo cosió con hilo de pábilo las trenzas de sus alpargatas para correr duro cuando le tenga que entregar cuentas al Señor.
Vi de cerca la careta del ignorante sacudiéndose con cuidado las salpicaduras de la tierra roja del cementerio que le cayó en sus zapatos para mancharle para toda la vida su gesto mentiroso que le hizo auto condenarse mientras doblaba el periódico del día.
Creí que no se atrevería a soplar las velas de la embarcación para que la brisa los llevara a una playa escondida donde más nadie le viera la cara por haber hecho tanto daño a quien solo quiso orientarlo para sacarle del alma los murciélagos del mal. No dejó que usaran el colador para sacarle las semillas de yaguarey porque quería hacer una cruz de color rojo para pedir perdón a Dios por los daños cometidos de pensamiento, palabras y obras.
Pensar que la maldad se puede incubar en un solo día en la mente de un ignorante es desconocer que el mal se oculta cuando el sol moribundo empieza a perderse entre las Tetas de María Guevara. Y es que ese rojo crepuscular que se dibuja entre los senos de la india muestra realmente la belleza colosal de un día que muere de tanto sol que lleva en su rostro marcado por los cráteres que el paso del tiempo dejó como huellas en la sien de la mujer que recogía guamos en la playa de La Guardia.
Ahora viene el arrepentimiento por haber quemado las naves que vinieron con Colón a la Costa de Paria y el insomnio se vendrá revoleteando con las mariposas negras para no dejar dormir más nunca a las madrugadas silenciosas que ruyían candelabros en la iglesia de mi pueblo. Y así quedan condenadas las mentes que cultivan la ignorancia para terminar como enjuiciados por los actos malévolos cometidos contra los grillos que hacían el amor en el bote de Guillermo sin esperar que la luna le diera la orden para escuchar cantar los murciélagos en la mar que batía sus olas blancas en la Piedra amarilla. Y a propósito dónde fueron a parar el Ángel de Moreno, la Piedra Amarilla, el Rancho de Cucú y la magnesita que pulía fuertes cerca de Puerto Esmeralda?.
Al final del camino el tipejo se cosió la lengua para no hacer más daño porque su nivel de ignorancia le perforó las neuronas hasta el fondo de su alma porque se equivocó de nuevo al confundir parasitismo político con una ideología perversa que solo sirve para espantar murciélagos en la iglesia de mi pueblo. Por eso el loco subió al campanario a dar repiques de campanas para espantar las miles de mariposas peludas que le comieron la lengua al idiota que zurce maldad con una aguja de velas. Así se muerden la cola los condenados a pensar toda la vida en su montaña de entuertos morales que sacuden la brisa de las montañas de caracoles que removieron las cenizas del mar que se secó por la suciedad del limo mental de los hombres.
“Soñé que la maldad se erradicó del ser humano para siempre y que la envidia se fue de viaje en esa manada de murciélagos que comen semillas en la Cueva del Guácharo cada noche”.MA

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *