Pedro González Silva

Este martes 19 de marzo, a las 11:08 de la noche, el Sol hace su ingreso al signo de Aries, y empieza el año nuevo astrológico, momento de renovar, de iniciar, de renacer. Se produce el equinoccio de primavera en la latitud norte, que equivale a la “primavera astrológica” para toda la humanidad.

En dos épocas del año se producen los equinoccios: en marzo (primavera astrológica, inicio del signo Aries) y en septiembre (otoño astrológico, inicio de Libra). Al estar el Sol en el punto más cercano al ecuador (línea imaginaria que divide a la Tierra en dos partes iguales) el día y la noche tienen igual duración.

Los solsticios, en cambio, se producen cuando el Sol alcanza su mayor distancia del ecuador, cosa que ocurre en julio (verano astrológico, inicio de Cáncer) y en diciembre (invierno astrológico, inicio de Capricornio). En el verano climático, los días son más largos que las noches, y en el invierno climático ocurre lo contrario.

Estos cuatro períodos del año, son cuatro momentos mágicos de gran energía astrológica donde se conmemoran eventos espirituales e iniciáticos. Las fuerzas sutiles universales que se activan en el equinoccio de primavera, cuando el Sol hace su entrada en Aries, tienen ver con renacimiento y renovación. Es la resurrección de la naturaleza que en invierno muere para luego renacer y renovarse.

Dice el maestro espiritual Omraam Mikhael Aivanhov, que cada año todo se renueva: “Sí, todo, excepto el ser humano. Los hombres no cambian, no se sintonizan con esta renovación, sienten algo en el aire, en la naturaleza, pero no se dejan influir. Deben aprender ahora a abrir sus puertas y sus ventanas para que esta vida pueda también impregnarles; es una lástima que este renacimiento se produzca en la naturaleza y que los humanos, demasiado concentrados en las viejas cosas, apenas lo noten”.

Para aquellos que han aprendido a sintonizarse con los ciclos de la naturaleza y a manejar sus leyes,
que son las leyes de la vida, este período del equinoccio de primavera es muy importante, ya que lo utilizan para hacer todo un trabajo de purificación, de regeneración.

Señala Aivanhov que si se ha situado la resurrección de Jesús en este momento del año, es porque en realidad, se trata de la resurrección de toda la naturaleza: “Si no morís, no viviréis”, dijo Jesús. La noción de resurrección está obligatoriamente ligada a la muerte; en tanto no muere, la semilla se opone a la manifestación de la potencia de la vida oculta dentro de ella. En el hombre, es la naturaleza inferior la que debe morir para dejar su sitio al espíritu, que encuentra entonces la posibilidad de liberarse para actuar y transformarlo todo.

El secreto de la resurrección está ahí, delante nuestro, en la naturaleza, y espera que nosotros lo comprendamos, que nos decidamos a morir conscientemente para que surja en nosotros un ser humano nuevo.

Se trata de una muerte simbólica y a la vez muy real, se trata de no apegarnos a viejas experiencias que condicionan nuestro actuar y nos atan a una cadena de conductas repetidas. Se trata de nacer cada día, de vivir cada día con asombro, sin expectativas forjadas por experiencias pasadas; cada día es totalmente distinto al otro, cada momento nos depara una sorpresa, una oportunidad de crecimiento.

Aries, el signo que da inicio al año zodiacal, se relaciona precisamente con esta energía vital, este primer impulso de vida. Por eso es pionero, emprendedor, todo pasión y vitalidad, es la energía del niño que está descubriendo el mundo, que no entiende negativas y que cuando quiere algo va directo a su objetivo, y si no puede obtenerlo arma una rabieta.

Aries es la energía para la conquista, su vida es una eterna lucha. Es competitivo, dinámico, enérgico, rápido, precipitado, agresivo, ingenuo, valiente y emprendedor. Le cuesta terminar lo que empieza pues lo que le gusta es iniciar, promover, sentir la emoción de lo nuevo, pero una vez que la actividad se vuelve rutina, pierde el entusiasmo. Es el impulso necesario para que se inicie la acción, es el “Yo”, el ego, la pasión del fuego que se lleva todo por delante.

Marte es el planeta regente de Aries; la mitología lo ubica como el Dios de la Guerra. Marte es el principio de conquista, se relaciona con la confrontación, la energía, el impulso agresivo, la acción, la inducción y el estímulo. Marte da dinamismo, es ejecutivo, rápido, arriesgado, viril. Es la energía sexual masculina.

Es un signo de fuego (el impulso, la pasión) y cardinal, es decir, que se encuentra al inicio de una estación del año, lo que marca un carácter pionero, emprendedor.

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Ilustración:
Pedro González Rondón
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