Cheito Rodríguez Suniaga.

A principio de los noventa, en unos de esos paros o huelgas acordados por La Federación Médica Venezolana en procura de las reivindicaciones de los médicos y demás trabajadores del sector salud, el Dr. Osnaldo Leiva, prominente cardiólogo – internista asuntino, hoy Director Regional de Salud del estado Nueva Esparta, y quien para la época, atendía la consulta de cardiología en el Hospital Central Luis Ortega, decidió no sumarse al paro, argumentando que la mayoria de sus pacientes eran personas mayores y residentes de las zonas más apartadas de Porlamar.
Ese día, tal y como estaba acostumbrado, llegó a su consultorio en la mañana y tenía cinco pacientes en espera: un señor de El Espinal, dos señoras de La Península de Macanao, otra de Manzanillo y Chonchón Figueroa, una mujer muy popular de La Asunción y harto conocida de Leiva, quien le sabía sus ocurrencias.
Esa mañana, Leiva, tal vez, evitando inconvenientes con su gremio, por lo del paro, luego de ver al señor, decide pasar a las cuatro mujeres juntas a su consultorio. Y, una vez, habiendo examinado a cada una de ellas, procede a orientarlas para que mejoren sus modos de vida y la salud, y les aconseja: » ustedes, por su edad, no deben ingerir mucha sal, dejen de tragar tanto pescado salado; tienen que dejar de estar todo el día pegadas a ese fogón; ya no pueden echarse esas largas caminatas en medio de ese sol tan caliente; y, ya ustedes no están para tener relaciones sexuales todos los días del mundo». Ante esta última recomendación, Chonchón, quien había estado tranquila y muy atenta a las palabras de Leiva, le interrumpe y le dice: » para ahí mijo, que ibas muy bien, pero te metiste Pa’ lo hondo, doctor, esa vaina no me la vas a meter tu a mi, porque yo tengo que echar mi » singaíta» bien tempranito porque si no paso todo el día con un dolor de cabeza muy arrecho, que no se me quita con nada…y hasta me da fiebre».
Cuenta Leiva, que la señora más vieja hizo como Condorito y cayó al suelo largo a largo desmayada.

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