Por Mitzy Capriles de Ledezma

Las cosas que acontecen en Venezuela son demasiado extrañas. Veamos algunos de esos hechos muy llamativos por las paradojas que entrañan. Diariamente miles de ciudadanos permanecen horas en las proximidades de estaciones de servicio para ver si consiguen algo de gasolina. Eso ocurre en un país cuyos gobernantes siguen surtiendo de petróleo-del poco que se produce -en territorio nacional- a sus tutores cubanos. O sea, la gasolina que escasea en Venezuela, sobra para enviarla a la isla controlada por los castristas.

En Venezuela el régimen ha llegado a la extravagancia de poner en desarrollo la trama orwelliana, cuando coloca en la Fiscalía General de la Republica al llamado poeta de la revolución, que ha terminado en convertirse, por sus actos, en el “poeta de la tortura”. Eso no es nada nuevo, ya habían anunciado la inauguración del innovador Ministerio de la Felicidad en un país en donde lo menos que se respira es precisamente felicidad, si nos atenemos a la tragedia humanitaria en medio de la que sobreviven millones de personas.

En Venezuela tramitar un pasaporte cuesta “Dios y su ayuda”. Son muchas las diligencias que se deben realizar y estar preparado para padecer un verdadero calvario para llegar a obtener ese documento. Sin embargo, nos enteramos por medio de informaciones de prensa como personajes relacionados con el terrorismo internacional aparecen portando pasaporte con los símbolos de nuestro país. ¿Pura casualidad? ¿O qué?

En Venezuela, diríamos que, en cualquier otro lugar del mundo, las madres se desviven para que sus hijos vayan a las escuelas, sean bien formados y de esa manera tengan asegurado un mejor futuro. Resulta que en nuestro país ya se cuentan millones de niños fuera del sistema escolar, el colapso del sistema educacional es pasmoso. Miles de educadores han desertado, entre otras razones, por los envilecidos salarios y los educandos no reciben más de dos días de clases por semana. Las madres no tienen recursos para alimentar adecuadamente a sus muchachos, no reúnen los bolívares para equiparlos ni siquiera para poder costear el transporte. Mientras tanto Maduro reparte camionetas de lujo a sus elites y financia viajes de sus aliados internacionales.

No menos extravagante resulta ser la cacería política contra dirigentes que promueven elecciones libres en Venezuela. Es como si a un alumno lo castigaran por estudiar, asistir puntualmente a clases y aprobar sus respectivos exámenes. Pues bien, en Venezuela se da el caso que, a ciudadanos, por simplemente dedicar tiempo a promocionar la necesidad de realizar un proceso electoral en los mejores términos y condiciones, se les persigue y encarcela. ¡Aunque usted no lo crea!

La verdad es que Maduro pretende entronizarse en el poder eternamente, sigue los pasos de su mentor Chávez, de sus mentores castristas y ahora de su ídolo Vladimir Putin. ¿Democracia? Solo para utilizarla y llegar al poder, pero después le dan la espalda a los principios que deben ser observados rigurosamente para que se pueda hablar con propiedad de libertad y de justicia.

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