Mirimarit Paradas
Preámbulo: Vertiente, se complace en traerles esta semana, toda la fuerza creativa y literaria de Gabriel Jiménez Emán. Ensayista, cuentista e investigador. Sus textos están cargados de humor, sarcasmo, ironía y hasta veces un halo de misterio.
Leerlo es disfrutar, de una historia que te cautivará por su originalidad, su lenguaje, esa manera tan suya… de narrarnos sus historias.
Además de sus libros, nos hemos encontrado con sus artículos sobre cine, historia y otros temas en diarios y revistas de circulación nacional.
Y así nos encontramos envueltos en un personaje, que entre comida y comida, en ese extraño e incesante apetito se va desintegrando, en el egoísmo exacerbado del hombre que un día se descubre y se reencuentra con el escritor, con esa extraña máscara, que, no es otra que la cara de la creación y el talento en estos asuntos de la literatura.
Gabriel Jiménez Emán es narrador, ensayista y poeta. En el campo del microrrelato ha publicado obras consideradas referentes del género en Hispanoamérica, como Los dientes de Raquel (1973), Saltos sobre la soga (1975), Los 1001 cuentos de 1 línea (1982), La gran jaqueca y otros cuentos crueles (2002) y Consuelo para moribundos (2012) e Historias imposibles (2021) y entre sus libros de cuentos más conocidos están Relatos de otro mundo (1988), Tramas imaginarias (1990) y La taberna de Vermeer y otras ficciones (2005), entre otros. En el campo de la ciencia ficción son conocidas sus novelas Averno (2006) y Limbo (2016) y dentro de la novela histórica Sueños y guerras del mariscal (1995) y Ezequiel y sus batallas (2017), y varias novelas cortas como Una fiesta memorable (1991), Paisaje con ángel caído (2002), El último solo de Buddy Bolden (2016) y Wald (2021).
Ha publicado numerosos ensayos, algunos de los cuales se hallan en sus libros Provincias de la palabra (1995), El espejo de tinta (2007), Mundo tórrido y caribe. Cultura y literatura en Venezuela (2017), y un ensayo sobre filosofía moderna, La utopía del logos (2021). Su obra poética se encuentra reunida en los volúmenes Balada del bohemio místico (2010), Solárium y otros poemas (2015), Los versos de la silla rota (2018) y Hominem 2100 (2021). En 2019 recibió el Premio Nacional de Literatura de Venezuela, por el conjunto de su obra.
EL HOMBRE SIN ATRIBUTOS

Después de leer la novela de Musil, o más bien el ensayo de Musil; mejor dicho, el tratado de Musil, en verdad ya no sabía bien qué clase de literatura era aquella de Musil, concluyó que de veras él mismo era un hombre sin atributos, un ser que encarnaba de modo perfecto el personaje que andaba buscando y jamás encontraría, pues carecía de verdaderas cualidades.

HOMBRE TV

Lo que más le atraía de convertirse en él era la capacidad que poseía el aparato para contener la mayor cantidad de historias posibles o imposibles sin tener que comprometerse con ninguna de ellas, sin tomar partido con ninguno de los personajes que vivían y se proyectaban desde esa caja electrónica hasta los sentidos y percepción del espectador, y sin experimentar ninguna culpa.

FOTO EN EL ÁLBUM FAMILIAR

Mirando la fotografía en el álbum familiar se dio cuenta de que aquella niña era parecida a ella. Después de observarla varias veces se identificó tanto con la imagen, que su mente y todos sus sentidos concurrieron en esa imagen de ella ahí sentada, tomando el ramo de flores y sonriéndole a un fotógrafo que terminó siendo ella misma, inventando esa foto el mismo día en que cumplió los dos años de edad tomando en sus manos el ramito de flores amarillas, con un vestido rosado que su madre le había comprado el mismo día de su cumpleaños, sin el que hubiese sido imposible reconocerla formando parte del grupo de niñas esa tarde en que se regocijaban por la distinción hecha a ellas por aquel padre que hacía tantos años las había abandonado.

EL HOMBRE DE LA BARRA

Para salir de la rutina de jubilado del Ministerio, iba casi todos los días a aquella barra en otro sector de la ciudad a compartir cervezas con parroquianos que ya le tenían como uno de los suyos, beodos habituales que le consideraban uno de la familia con quien podían hablar de fútbol, béisbol, política, dinero, negocios, o enterarse de los infinitos chismes del barrio, que eran la comidilla cotidiana del bar donde además se jugaba a las cartas, al dominó, se estudiaban las carreras de caballos y los posibles ganadores en la lotería, incluidos ellos. Ahí pasó los mejores y últimos años de su vida, hasta la noche aquella en que regresaba al departamento donde vivía con su mujer y su hijo imaginarios, quienes lo esperaban con besos y afectos inventados y también, sobre todo, después de acostarse, con infinitos sueños repletos de pesadillas.

EL SIERVO DE DIOS

José Gregorio Hernández tenia tal magnetismo personal, que el único automóvil que había en Caracas lo buscó por toda la ciudad hasta que lo encontró en una esquina del barrio La Pastora y se abalanzó sobre él para que el Siervo de Dios lo bendijera, pero José Gregorio no estaba al tanto de que el aparato tenia los frenos malos, lo que no fue tomado en cuenta por el conductor del automóvil en el momento en que el Siervo de Dios se colocó frente a él para bendecirlo y evitar así los posibles accidentes en la ciudad y en el país, suceso que fue considerado por la sociedad y la opinión pública un signo nefasto de los nuevos tiempos que se avecinaban.

EL OFICIO DE ESCRITOR

Si alguien desea hacerse un buen escritor es preciso que no siga casi ninguna recomendación, como no sea la de cultivar un poderoso olfato y una intuición enorme que puedan dar primero al traste con la idea misma de escribir, para luego dar el paso siguiente: convertirse en una bestia egoísta. Después de haberse liberado de esta bestia podrás entonces seguir alguna recomendación útil para este inútil oficio.

ULISES

El Ulises griego descrito por Homero duró varios años en una aventura por el mar Egeo, enfrentándose a todo tipo de monstruos y encantamientos, antes de regresar a Ítaca a encontrarse con su mujer Penélope y su hijo Telémaco. El Ulises irlandés que describe Joyce vivió su odisea en un solo día en el centro de Dublín; un amigo mío cumple la hazaña diaria de recorrer en dos horas doscientos kilómetros para ir a su puesto de trabajo en otra ciudad, y yo cumplo en media hora la obligación de escribir un relato que alguien leerá en exactamente un minuto si lo hace de manera reposada. Con ello doy por realizada la odisea de un personaje que ha venido leyendo buena parte de la literatura universal solo para no repetir las otras odiseas cumplidas por héroes que le antecedieron en diferentes gestas épicas o cotidianas, con mayor suerte que la mía.

ANDROIDE

Finalmente lo lograron: fabricaron el robot, el androide perfecto. Puede pensar, razonar, sentir, recordar, escribir, amar. El androide soy yo mismo y no tengo hasta ahora ni un solo punto débil. Salgo a caminar por la calle y todo se desarrolla normalmente, desde el primer café de la mañana hasta la cena por la noche, incluidos traslados, conversaciones, labores cotidianas y trato con personas. En mis minuciosas instrucciones de uso me percaté, tarde, de uno de los puntos más importantes, razón por la cual me he empezado a sentir mal, mis órganos a debilitarse y mis circuitos a interrumpirse: en cuanto el calor me sofocó, en vez de lubricarme, me di el primer y último baño bajo la ducha.

CONTEMPLACIÓN

Me embebí de tal modo en la contemplación de aquel maravilloso paisaje de cielo despejado que, llegado un momento, pensé que el paisaje me contemplaba a mí con tal intensidad, que me absorbió hacia él y me convirtió en lo que siempre quise ser: nube.

 

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