Mirimarit Paradas

Preámbulo: Vertiente, se complace en compartir con ustedes, toda la fuerza poética de Norys Odalia Saavedra. Versos cargados de su terruño larense, del pastoreo de las cabras, de un sol que se esconde en una panza de leche y miel, de un esplendor que se instala sobre petreas superficies, y nos regresa la figura de su madre con su vestido azul, ataviada con la sublimidad del viento y la transparencia del paisaje entre las cumbres. Son cabras portadoras del milagro de la vida, esa picada de ojo del crepúsculo y la musicalidad de la tierra…que alimenta sus ideas.

Poeta, narradora, promotora cultural, editora. Lara-Venezuela. Mención de honor en el Concurso Nacional de literatura “Rafael María Baralt”, Universidad Rafael María Baralt, Edo Zulia, Venezuela 2015. Ha publicado De áridas soledades (Cenal, Fondo editorial Pío Tamayo, Asociación de Escritores del Estado Lara, 2007). Hilos de Cocuiza, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Colección Altazor, 2009; Poesía reunida (1998-2008.). Plaquette “Quemar la hierba junto al Muro”, Ediciones Madriguera, Coro, Venezuela, 2016. Plaquette “Inmarcesible 2.50”, Ultramarina ediciones, (México-España 2021. “Las chicas no lloran” (Poesía), Lp5 editora, Santiago de Chile, 2021. «Medio Corazón del rebaño» Poesía. Editorial Pruka, 2023. Editora adjunta de la Revista Pruka. Responsable de la sección de reseñas de libros de poesía joven venezolana “La cabra lectora”, Revista Pruka. Se desempeña en el Área de Museos Nacionales (Museo de Barquisimeto). Ha incursionado en el área de guiones con el cortometraje Tiempos translúcidos” (2023) dirigido por Javier Álvarez. Escritora homenajeada en la Feria internacional del libro de Venezuela (Filven 2023, Capitulo Lara) Julio 2023. Estudia Dibujo y Grabado en la Escuela de Artes Plásticas Martin Tovar y Tovar. Bqto. Trabaja en el Museo de Barquisimeto.

 

I

Y sucedió que los rebaños eran de caramelos de oro
el suelo que pisaban les decía que no se perdieran
a veces fluía magma de las rocas desnudas
entonces apuraban fuerte el paso por el camino espinoso
¿Cuándo es que encontraré a la oveja que grita?
¿Cuándo la oveja blanca encontrará a su gemela?
así pasaron los años sobre sus lomos
hubo que derramar sal por el camino
en cada peñasco dejar señales
para encontrar a la oveja negra perdida
contar hasta dos mil
hasta quedarnos dormidos

II
“Corderito,
aquí estoy;
acércate y lame
mi blanco cuello”
La primavera
William Blake

Esta es la historia de las cabras rosadas, negras, azules, rebeldes o mansas
cabras blancas de dientes brillantes
moteadas
de salitre y acuosas
pintadas
pequeñas y grandes
de mi madre
había un desvelo en sus ojos
en búsqueda de líquidos salobres
lamían el sudor
ella sentada en la piedra del cerro
esperaba que el sol
se metiera en sus panzas de miel
mi madre hacia que las cosas cantaran
que las cabritas niñas resucitaran
quedaran pintadas en cactus viejos
cuando se ponía su vestido azul
También asistía
al corte del cuello del animal
a la estampa del fino corte del cuello
cortes precisos
para no hacerlas sufrir
para que no quedara en sus ojos

algo de terror en las pupilas
la comida podría ponerse amarga
o la carne endurecerse
luego de asistir a la degustación
en la mesa, en las fiestas o bautizos
o simplemente una comida cualquiera
al probar trozos de los rebaños asados
o suculentas sopas
sabían que dicho ritual
quedaría redimido
por la succión de las esencias
Así el banquete
concluiría
con el recuerdo
de los tiernos rebaños acariciados
que ahora pasaban
a la Gracia divina

III

A veces la sombra
protegía del sol
Pero el sol se había ido
Entonces la sombra era fría
estaba muerta de miedo
y sus glóbulos rojos eran de nieve

IV

Es en las maderas que silban
donde se esconden las termitas
que derruirán las vigas
por donde pasa la caída como los limones que se desprenden del árbol
La rotación de las sombras en el cerro desmigaja la tierra
pues en el fondo del abismo
hay una pequeña cabra escondida
es cruda su luz
y tierna su carne
puede estar rota por la caída
pero joven es y sanará sus huesos
No digo que no quiera creer
no digo que no quiera crecer
es como esos palomas que se asustan
no ha sido su culpa volar
Ahora todos la buscan en el subsuelo
sobre capas y capas de arcillas
No sé qué hubiese ocurrido cuando
el árbol se torció por su peso
quizá tengamos que hacer que recuerde
de dónde vino
a dónde iba
a cuál corral pertenece

V

Una lágrima que sale del caprino
adherida a la hierba mojada
de lo alto de la llaga
de la condensación térmica
de nubes grises

Va cayendo

VI

Es eso y da vueltas
es Nada
Es patitas extendidas al aire
es buscar a quién llora la oveja
Tocar lagartijas rosadas que cambian de color con el sol
quedarse con una voz
que se escucha así misma con ecos
en el repique de tambores de una selva

VII

Mi madre se elevó como una nebulosa planetaria
una pequeña joya
en la constelación de los carneros
engastada

Belén era su nombre
y el de ciertas higueras
(Mi madre es un manto de flores
que conmina a los coyotes
y ofusca el espanto
en la distancia)
Santa de la espada
hazme la piel más oscura
para que me olvide
escucha mi nombre
Mora grande
con el filo
Ya no soy Juana de Arco

VIII

Los caballos
que hacen dibujos largos
con sus patas
con sus colas de caballo
dejan huellas
de sus hermosos excrementos
en su persistencia
sus cabezas en alto
siempre en alto
escuchando el clic-clac del viento
contraen sus sentidos
Hay otros parajes
establos lejanos
otras historias
intermitentes
fuera de este campo
donde las velas para alumbrarlos
se hicieron con el graso de los chivos
En la arena
hincan sus memorias
como una capa de polvo seco
lleno de hongos
Ellos se aseguran así que no ha de removerse
la línea del tiempo
el pasmado papel que diga
la condena del destino
Ven revisa mis ojos… dime
si quedan recuerdos.

IX

Con la espina
y sus murciélagos
las heridas que dejan en el cuello
sus mucosidades venenosas
un terciopelo rojo que se pliega
Allí lechuzas con cabezas reducidas
que voltean sus pescuezos
divididas en dos
una descosedura
un más nunca
una desviación de sueños
diciendo:
Si de tu cuello puedes sacar sangre y nieve
podrás llevar corales rojos contra la melancolía

(Esto fue cuando aún tenía los pechitos pequeños)

X

Del abuelo

El abuelo materno vuelve a veces
desde el año 1969
en una cápsula del tiempo
en la superficie de sus saberes
en la inmaculada caligrafía
en sus instrumentos
su arpa, guitarra, cuatro, violín

Él no tenía miedo de cardar
a las ovejas salvajes
mientras cantaba en latín
cuentan:
consumía pencas de agave
puestas al sol
también las bebía
no fuese que el sereno
extraviara sus huellas
le temblara el pulso
cortara más allá del cuero en la yugular caliente
del animal sumiso
que se iría al más allá
sin derecho a confesión

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