Todo estaba preparado en la pista Manolo Santana de la Caja Mágica para homenajear a Rafa Nadal en su último partido en el Mutua Madrid Open. Cables metálicos tendidos de arriba a abajo en uno de los fondos iban a sostener una gigantesca lona con la imagen del cinco veces campeón y un mensaje de agradecimiento. La organización tuvo que retirar el montaje y volverá a colocarlo el próximo lunes, porque el balear compitió al 100% que tiene en este momento de su carrera, dadas las circunstancias de lesiones e inactividad, y se merendó a Alex de Miñaur, número 11 del mundo, en dos sets: 7-6 (6) y 6-3 en 2h02. Jugará en tercera ronda contra el argentino Pedro Cachín (29 años y 91º), que pudo con el estadounidense Frances Tiafoe (7-6 (1), 3-6 y 6-4.

“Llevo muchos meses difíciles, no a nivel personal, pero sí profesional. Siempre pensando y levantándome con la ilusión de vivir una tarde así”, dijo el manacorí, muy sonriente. Hasta el Rey Felipe VI había decidido acudir a la cancha para seguir el partido, por si acaso. Pero el monarca del tenis español y en muchas ocasiones mundial tenía otros planes. No quería entregarse tan pronto e hizo un partido memorable ante un rival que venía de ganarle claramente hace unos días en Barcelona. Nadal pudo con todo, en condiciones adversas para él. Bajo techo por la amenaza de lluvia, en un día más bien fresquito, a 657 metros de altura sobre el nivel de ese mar que adora.

También sobrellevó la tensión tremenda que hubo casi en cada punto y la polémica por una bola de De Miñaur que él vio fuera (y lo fue), pero el juez de silla no quiso revisar, con cierta razón. Rafa se paró después de golpearla; sin embargo, no pidió challenge. Luego se lo exigió al irlandés Fergus Murphy. “Llama al supervisor”, le dijo. “De momento, vamos a seguir jugando”, contesto el árbitro. “Yo no quiero”, le replicó el manacorí, que le afeó la decisión: “¿Si me paro y señalo el bote es que quiero seguir jugando? La tuya es la peor interpretación posible”. Nadal perdió ese juego con su servicio y la ventaja de un break que había tomado de salida. La discusión le hizo zozobrar hasta el punto de verse por debajo en el marcador. “Sí-se-puede”, coreaba el público. Y se pudo. El ganador de 22 Grand Slams encontró la manera de hacer un segundo quiebre y llegar a un desempate dramático en el que tuvo un 6-2 y terminó solventando con su quinto punto de set. “Viva Rafa, viva el Rey y viva España”, gritó un espectador enardecido en plena exaltación patriótica.

A tope
En la segunda manga, completamente excitado, con el riesgo que había dicho que se guardaría para Roland Garros, Rafa rompió de salida a De Miñaur. La derecha le corría, casi igual que el revés cruzado, el peso de su famosa bola se le atragantaba al aussie de sangre española. Le salían hasta las dejadas y, para colmo, la suerte se alió con él, al tocar la pelota la cinta en varias ocasiones y caer al otro lado de la pista. Así aguantó la ventaja con solvencia, sin afrontar un solo punto de break en contra.

 

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