*Juan J. Prieto L.

Cuando era un niño me atraía el mar, me gusta el mar. Entonces me preguntaba cuánto años tendría, y que nunca se cansara de abrazar la orilla.
Sentirlo es genial porque parece jugar incansablemente, conmigo, que me conoce desde hace tanto, y me espera para brindarme su amistad. Es una alegría increíble entre el mar y yo, se escapa entre mis dedos y regresa para empaparme la cara, yo río y el mar también lo hace, como antes, como siempre.
Camina junto a mí hasta un montón de piedras con barbas y piel resbaladiza, allí siguen viviendo mejillones y caracoles, y entre las cuevas hechas por el golpeteo implacable siguen viviendo los cangrejos escondidos de las gaviotas peregrinas.
Y me cuentan del mar los pescadores, y y les cuento de mí en medio del juego que jugamos el mar y yo. Todavía, cuando vuelvo a él, aun pasado el tiempo, parece reconocerme y me abraza como siempre, como antes y volvemos a ser niños los dos.
*Periodista

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