Juan J. Prieto L*

Son los tormentos del ser humano, la vida y la muerte. Son los signos que llevamos para saber que vivimos, aunque vivir sea un nido y su madeja se alarga y acorta y las generaciones se acaban y vienen otras. Es la existencia una suma y una resta contada sin descanso y se hace larga la cuenta como un rollo de madeja, con un nudo o un borrón según quien lleve la cuenta.
Insolente, a veces gratificante. Son episodios que no se detienen, pareciera ser una película donde los personajes aparecen y desaparecen, algunos dejan huellas otros no, pero nunca acaba. Otras veces somos espectadores en esta gran sala de cine que es el universo y la miramos una y mil veces, es como estar frente al mar donde vemos lo mismo, siempre, y la misma línea al final, siempre igual, un hasta aquí indescifrable como el mismo enigma.
La luz del sol nos acude diciéndonos que hay que comenzar la faena, dura cada vez más, dura al ver cuánto sucede a nuestro lado. Cuando llega la noche, como si un telón bajara para ocultarnos lo peor, eso se repite y se repite y no tiene fin.
*Periodista
peyestudio54@gmail.com

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